Leonardo no se fue, lo echaron de esta vida

por Patricia Del Greco

Aclaración del autor: Cuento con todas las constancias que respaldan íntegramente aquello que he expresado en este escrito, poseyendo las pruebas documentales si la presentación de las mismas fuera requerida en otros fueros correspondientes.

He decidido escribir unas palabras para venerar la ilusión de vida que tenía mi hermano Leonardo, que pidió a gritos que se lo curase, porque quería vivir, no quería morir. Tantas veces así se lo expresó a mi hermana cuando iba a verlo al hospital y a mí también al teléfono, rogando que llegase su tratamiento.

A veces es bueno poder escuchar a las dos campanas cuando uno quiere o respeta a alguien, y yo, en este triste caso, soy la otra campana.

Cuando mi hermano enfermó y se le diagnosticó cáncer de pulmón con metástasis cerebral, en esas circunstancias con 3 tumores cerebrales pequeños este era el momento propicio para comenzar con un tratamiento farmacológico para el cáncer y con radioterapia al cerebro, algo que nunca ocurrió en todo el periodo que estuvo convaleciente.

Desde el primer momento se le ofreció ayuda a la familia de mi hermano para poder actuar con prontitud y poder frenar el avance de la enfermedad, rogándole de mil formas que aceptasen hacer el estudio de la biopsia líquida que tiene un costo elevado, pero del que yo ofrecí hacerme cargo en su totalidad. Esta prueba analítica brinda resultados detallados en tan solo 5 días para saber cómo tratar al paciente a través de su propio ADN circulante tumoral con una medicación personalizada para las características específicas de su enfermedad individual, y todo esto se podía obtener con una simple extracción de sangre. Esto le hubiera proporcionado inmediatamente un tratamiento para su cura, siendo esto factible para un paciente tan joven como lo era Leonardo a sus 47 años. Pero dijeron rotundamente que NO.

Mi hermano al tener tumores en el cerebro lamentablemente ya no estaba en sus plenas capacidades mentales para poder decidir lo que era mejor para él, pero sí su familia conviviente, que eran los guardianes de un paciente de esas características. Además, nos repetían hasta el cansancio que eran ellos los tomaban las decisiones por Leonardo.

Si tenían intenciones de salvar a su ser querido, deberían de haber utilizado las mil formas que pudieran existir en la Tierra para lograr curarlo, pero continuaron a transitar por el camino de la inoperancia. La salud de Leonardo fue dejada a su contingencia, ya que en todo el periodo de su convalecencia, Leo nunca recibió ningún tipo de tratamiento para combatir sus tumores, cuando todas las herramientas para hacerlo habían sido puestas a su disposición para una detección temprana y una terapia eficaz, pero, aún así, dijeron que NO.

Además se negaron a otras posibilidades, se les ofreció acortar los tiempos y también realizar consultas con oncólogos de gran prestigio y trayectoria para que dieran sus segundas opiniones. Estas alternativas iban a ser pagadas por las hermanas, pero, una vez más, dijeron que NO. 

Se les ofreció otro hospital en donde un profesional iba a encargarse de hacer un seguimiento interno y pormenorizado constante para conseguir su recuperación, y también a esta opción dijeron que NO.

Estando en su casa, mi hermano me decía que la familia le insistía que se levantara, pero a él ya le mermaban las fuerzas. Hay que pensar que su cáncer nunca fue asistido con ningún tipo de tratamiento, ni medicación, por ende el cáncer iba avanzando y cada vez él estaba más débil y afligido, síntomas normales de una enfermedad semejante.

En una ocasión, mi hermano hizo el esfuerzo y se levantó, pero nadie lo acompañó, porque “estaban preparando la merienda” según palabras de su propia familia. Como él pudo, solo, fue hasta el baño y se cayó, se partió la boca y se golpeó la cabeza y el resto del cuerpo. Nadie lo llevó al hospital, porque lo pregunté y me dijeron que no era necesario. Era alarmante, ya que Leonardo tenía metástasis en el cerebro, y nos preocupó sobremanera que no fuera visto por un médico en consecuencia al golpe que le provocó la caída.

Es muy triste saber el tipo de palabras que los jóvenes de la casa le decían a mi hermano Leonardo en estas dolorosas circunstancias, del talante de “gordo maricón levantate”. Se expresaban con crueldad, afirmando que “no saben lo que es lidiar con una persona depresiva y cómoda, [a la] que siempre le hicieron todo”, y que “gran parte de su deterioro era culpa de él”. Todo esto lo tengo por escrito, porque no solo se han atrevido a maltratarlo en privado, sino que luego lo hacían público escribiéndome estos mensajes detallados del calvario doméstico que Leonardo estaba sometido a sufrir en manos de los familiares convivientes.

En aquel momento me aclararon también que, como uno de los jóvenes estudia algo relativo a salud, esta persona supuestamente “podía identificar si [Leonardo] se está muriendo o si necesita estar internado” según sus propias palabras, ya que estos comentarios me los facilitaron los mismos familiares enviándomelos personalmente por escrito.

Por otra parte, un individuo que se atribuya el ejercicio de un acto reservado a profesionales calificados, no poseyendo ni las debidas credenciales ni las habilitaciones necesarias para determinar el tratamiento médico especializado para un paciente de alta complejidad, podría estar cometiendo un acto ilegal al pretender realizar el ejercicio de la profesión médica, dadas las consecuencias potencialmente peligrosas para la salud y seguridad del paciente y persona a cargo. Se podría decir que una persona que toma acciones que reflejan una afirmación de esta índole estaría “usurpando funciones” o “ejerciendo un acto profesional reservado a los profesionales debidamente habilitados”. Esto implica que la persona que hasta la fecha no ha completado ningún tipo de formación, ni ha obtenido las correspondientes licencias o certificaciones, pero esté atribuyéndose conocimientos y habilidades que aún no posee y/o que no forman parte tampoco de su posible futura profesión, y que, tenidos en cuenta todos estos factores, aún así decida asumir responsabilidades y tomar decisiones que están fuera de su nivel de conocimiento y competencia, estaría ejecutando acciones que podrían ser consideradas un acto de negligencia, fraude o ejercicio ilegal de la profesión médica.

Algo que me ha hecho sufrir mucho fue cuando uno de los jóvenes me bloqueó arbitrariamente la comunicación que tenía con mi hermano, que por otra parte era muy limitada ya de por sí y no por falta de interés mío. Ya desde el día 5 de junio no obtenía respuesta de mi hermano, y el día 9 de junio se produce el bloqueo definitivo que accionó uno de los familiares convivientes de Leonardo. Nunca más tuve ninguna interacción con mi hermano, y debía conseguir información sobre su estado mendigando noticias por otras fuentes, ya que el teléfono era mi único medio de comunicación con mi hermano, siendo que me encuentro a más de 10.000 km de distancia. En este caso, las acciones que limitan injustificadamente la comunicación entre consanguíneos, o sea la comunicación de hermana a hermano y viceversa, podría referirse como “interferencia en los vínculos familiares” o “obstaculización de la relación familiar”. Esto se produjo porque sus familiares directos no querían que yo continuara hablando con Leonardo sobre la insistencia de buscar otras soluciones más diligentes a su problema de salud.

Leonardo rogaba de forma desesperada que lo curaran, porque no quería morir, esto expresado por él mismo. Cuando le fueron comunicando que una importante cita médica programada sería aplazada una y otra vez por motivos meramente logísticos de agenda –ajenos a, y en perjuicio de las circunstancias individuales de Leonardo– mi hermano lógicamente se entristeció y tampoco pudo ya más ingerir líquidos, según la información comunicada por sus mismos familiares.

Esta situación en la que Leonardo encontrándose en su domicilio no lograba ingerir líquidos se extiende desde el miércoles 7 de junio hasta el sábado 10 de junio, cuando finalmente se dignan a llevarlo al hospital.

En esos exactos mismos días que Leonardo se encontraba varado en su casa deshidratándose sin atención médica, la familia se preocupaba en quejarse de él expresando comentarios despectivos sobre Leonardo, refiriéndose a él como “un cómodo”, “un depresivo”. En cambio de ocuparse en obtener inmediatamente la atención clínica necesaria, se expresaban sobre Leonardo con saña e inhumanidad, afirmando que “no saben lo que es lidiar con una persona depresiva y cómoda, [a la] que siempre le hicieron todo”, y que “gran parte de su deterioro era culpa de él”.

Recién al cabo de más de tres días de padecimiento, Leonardo entra al hospital con un cuadro de deshidratación, esto informado por sus propios familiares, y documentado en su ingreso de internamiento clínico. De ese hospital, muy lamentablemente, Leo nunca saldría con vida.

Ya todos sabemos lo que es la deshidratación para un ser humano con buena salud, hay que pensar en el sufrimiento de mi hermano en esos tres días en su casa con una salud quebrada a causa del cáncer, sin nunca haber recibido ningún tipo de tratamiento y a la vez deshidratado. Eso fue pura deshumanización desde mi punto de vista y asimismo desde el punto de vista médico, ya que en su momento también consulté con facultativos las consecuencias que podía tener una deshidratación en una persona de sus características y me confirmaron que era algo muy grave.

Siempre me he visto obligada a escuchar a la familia decirme que eran ellos, los familiares convivientes, los que decidían sobre Leonardo y esto me parecía lógico, siempre y cuando lucharan por protegerlo, por curarlo. Hay que recordar que Leonardo nunca tuvo ningún tratamiento específico para el cáncer, ni tampoco nunca aceptaron ninguna ayuda para resolver la situación por la que transitaba mi hermano.

El aturdimiento que me provocó la angustia al ver el sufrimiento de mi hermano, su estado de padecimiento sin que nos permitieran ayudarlo es lo que más dilapidó mi entereza.

Nunca voy a olvidar una videollamada en donde mi hermano estando en el hospital por primera vez me dijo llorando “ayudame, no me quiero morir”. Esa fue la única videollamada que pude tener gracias a que mi hermana lo facilitó, porque era ella la que se había quedado cuidando a Leonardo. Cuando pedía hablar con él, los familiares convivientes que decidían por Leonardo, me ponían siempre excusas y no me daban acceso a poder comunicarme con mi hermano.

Por eso puedo personalmente y fehacientemente afirmar que hicieron que Leonardo se fuera sufriendo de este mundo, solicitando una ayuda que él mismo me requirió, y que los familiares que decidían por él nunca aprobaron que él recibiera.

Me entristece saber que Leo quería vivir y lloraba muchas veces junto a mi hermana en el hospital solo deseando una cura – una cura que nunca llegó. Leonardo murió desolado, triste, y sufriendo. Quisimos ayudarlo de mil maneras y la familia conviviente lo impidió. Cualquier ser humano que tenga un alma se sentiría apesadumbrado ante tanto dolor como ahora lo estoy yo.

Solo quiero terminar con las últimas palabras que Leonardo le dijo a mi hermana tres días antes de morir:

“¿cuándo me van a dar un tratamiento?
¡NO ME QUIERO MORIR!”

26 de Julio de 2023: Primer Mes Sin Ti

La tristeza no es más que una valla entre dos jardines.
— Khalil Gibran

Hoy Leo hace un mes de tu partida de esta realidad en la que vivimos.
Todo llegó como un huracán, descendió en nuestras vidas y destrozó nuestras almas provocando que nuestras alegrías se fueran contigo.
La vida y la muerte son enigmas de la existencia, tú nos has dejado demasiado pronto, pero seguramente nos volveremos a ver, no sabemos cuándo, no sabemos dónde, pero nos volveremos a reencontrar en la inmensidad de la creación de Dios.

El dolor invade nuestras vidas con una intensidad inconmensurable, pero al mismo tiempo sentimos que tú estás en cada amanecer, en cada día lluvioso, en cada día soleado, porque estás en nuestros corazones, por eso estarás continuamente a nuestro lado.
Te queremos tanto hermanito amado y siempre recordaremos la ternura de tu carita desde el día en que naciste placiendo nuestras vidas con un amor inmenso.

El alma resiste mucho mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada.
— Jean Jacques Rousseau


9 de Agosto de 2023: Primer Cumpleaños Sin Ti

Nuestros hermanos y hermanas están ahí desde el amanecer de nuestras vidas hasta el inevitable atardecer.
— Susan Scarf Merrell

Hermanito querido, el día 9 de agosto deberías cumplir 48 años y no estás, ya nada será igual para nosotras.

Estamos desoladas sin tu presencia. Sobre todo este desconsuelo se acentúa, porque tú pedías a gritos que querías seguir viviendo. Recordamos tristemente cuando presionabas con desesperación la mano de nuestra hermana buscando anclarte a la vida, porque no querías morir.

Esta aflicción inmensa, esta angustia, este dolor que nos invade sin piedad nos impulsa a que te busquemos en todo lo que nos rodea, en el canto de un pájaro, en una flor, en un atardecer, en la existencia misma. Porque tú Leonardo eres eso desde el momento que partiste, eres la existencia misma y estás donde nosotras estamos.

Te queremos tanto y sabemos que tú estarás recibiendo donde ahora te encuentres este amor puro de nosotras tres, de tu madre, también de tu sobrina, sobrinos y de tus cuñados.

Hasta el próximo amanecer Leo querido.

El tiempo no duerme los grandes dolores, pero sí los adormece.
— George Sand


24 de Diciembre 2023: Primeras Navidades Sin Ti

¿Qué es la Navidad? Es la ternura del pasado, el valor del presente y la esperanza del futuro. Es el deseo más sincero de que cada taza se rebose con bendiciones ricas y eternas, y de que cada camino nos lleve a la paz.
— Agnes M. Pharo

Leo, hermanito querido, llegan las fiestas y serán las primeras en las que tú no estarás. He elegido esta foto tuya y espero que te guste.

Recuerdo lo mucho que te agradaban las Navidades, yo creo que era porque te llegaban muchos regalos.

En esta Navidad tu ausencia se convertirá en la remembranza de recuerdos maravillosos vividos contigo. Nuestras lágrimas se transformarán en esperanza, miraremos al cielo y allí, en esa gran estrella que nos ilumina, estarás tú acompañándonos.

Nuestros corazones están tan juntos que ninguna distancia, ni ninguna otra dimensión en la que te encuentres, nos separará. Seguiremos siempre tan unidos que ese amor nos ayudará a sobrellevar todo este dolor inmenso que nos invade.

Pensaremos en tu gran sonrisa, en lo que te gustaban las fiestas desde muy chiquito, en las bromas que hacías, en todo el amor que irradiabas.

Hermano querido, felices fiestas para ti, allí en donde te encuentres. Te queremos con el alma.

Haré honor a la Navidad en mi corazón y procuraré mantener su espíritu a lo largo de todo el año. Viviré en el Pasado, el Presente y el Futuro; los espíritus de los tres me darán fuerza interior y no olvidaré sus enseñanzas.
— Charles Dickens


∞ Fotos de Leonardo durante su vida ∞

∞ Fotos de Leonardo con su familia durante su vida ∞







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